
Dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
LUCAS 2:7
El nacimiento de Jesús nos muestra que no podemos determinar el valor de alguien por el entorno que lo rodea. Muchos bebés habían nacido en ese tiempo en Israel y los alrededores del Imperio romano. Muchos hijos e hijas de reyes, gobernantes, comandantes militares y dignatarios nacieron ese año en palacios y lugares de gran riqueza y opulencia. Pero ninguno de ellos era el Dios encarnado.
Al contrario, cuando el Señor de toda la creación nació por nosotros, su entorno fue el más bajo, un lugar apto para animales. No lo colocaron en una cuna incrustada en oro y joyas, sino en un burdo comedero y bebedero. Sin embargo, aquí estaba Emanuel, Dios con nosotros, nuestro verdadero Salvador. César no podía salvarnos. Los ejércitos de Roma no podían liberarnos del pecado. Solamente el Mesías podía relacionarse con nosotros en nuestros peores, más empobrecidos e indigentes momentos.
Recuerde eso. Usted no puede juzgar personas o situaciones por su apariencia externa. A veces los envoltorios más humildes y toscos contienen los regalos más fabulosos, preciosos y poderosos.
Oración:
Jesús, gracias por relacionarte conmigo en mi peor condición y por venir a ser mi Salvador. En cada persona y situación veré más allá de las apariencias externas hacia lo que estás logrando dentro de ellas. Amén.
BEYOND THE EXTERNAL
She gave birth to her firstborn son; and she wrapped Him in cloths, and laid Him in a manger, because there was no room for them in the inn.
LUKE 2:7
The birth of Jesus shows us that you cannot determine a person’s value by His surroundings. Many babies had been born in Israel and the surrounding Roman Empire at that time. Many sons and daughters of kings, rulers, military commanders, and dignitaries were delivered that year in palaces and places of great wealth and opulence. But none of them were God in human flesh.
No, when the Lord of all creation poured Himself out for us, His surroundings were the lowliest—fit for animals. He was not laid in a gold and jewel-encrusted crib, but a rough feeding trough. Yet here was Immanuel—God with us—our true Savior. Caesar could not save us. The armies of Rome could not deliver us from sin. No, only the Messiah could relate to us in our very worst, most impoverished and destitute moments.
Remember that. You cannot judge people or situations by how they appear externally. At times, the humblest, roughest wrappings hold the very greatest, most precious and powerful gifts.
Prayer:
Jesus, thank You for relating to me at my worst and for coming to be my Savior. In every person and situation, I will look past the outside appearances to what You are accomplishing within. Amen.
