NO DEJES QUE TU CORAZÓN SE TURBE

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
—JUAN 14:1


Las razones por las que podemos preocuparnos —si así lo decidimos—, son infinitas. El mundo es un lugar complicado y a menudo es difícil tratar con las personas, por lo que podemos sentirnos ansiosos. Nuestras familias y seres queridos puede que estén tomando malas decisiones y nos preocupemos por ellos. La presión de nuestros problemas financieros nos aplasta causándonos angustia. Pero afortunadamente, preocuparnos no es nuestra única opción. Podemos echar nuestra inquietud sobre Dios, sabiendo que él está ansioso de cuidar de nosotros (1 Pedro 5:7).

¿Por qué no intentamos reemplazar la preocupación y la ansiedad con la oración? Si lo haces, veras que es una mejor opción. Cuando nos preocupamos, no ayudamos a nada ni a nadie, pero cuando oramos, Dios puede ayudarnos a cada uno y hacer cualquier cosa. Lo que es imposible para los seres humanos, es posible para Dios (Lucas 18:27). Te urjo a darle a Dios una oportunidad para obrar en tu vida y en las vidas de aquellos que amas, a través de la oración. Siempre que tengas un problema o veas una necesidad, lo primero que debes hacer es orar.

La oración pone a nuestra disposición un poder tremendo (Santiago 5:16) y le abre la puerta a la obra de Dios. Ora en fe, creyendo y esperando ver a Dios moverse y hacer lo que solo él puede. Cuando oramos, puede que no veamos un cambio instantáneo, pero Jesús dice que cuando pedimos y seguimos pidiendo “se os dará” (Mateo 7:7). Mientras estás esperando que Dios trabaje en tu nombre, habla con él sobre cómo te sientes y recuerda que él siempre te entiende (Hebreos 4:15).

Oración:
“Padre, gracias por el enorme privilegio de la oración. Tener la capacidad de hablar contigo sobre cualquier cosa sabiendo que te importa, es una gran bendición. En el nombre de Jesús. Amén”.


DON’T LET YOUR HEART BE TROUBLED

Do not let your hearts be troubled. You believe in God; believe also in me.

—JOHN 14:1

The situations about which we can worry—if we choose to—are endless. The world is a complicated place, and people are often difficult to deal with, so we may be anxious about our lives. Our families and loved ones may be making bad choices, and we worry about them. Financial pressures weigh us down, causing us concern. But thankfully, worry is not our only option. We can cast our care on God, knowing that He is eager to take care of us (1 Peter 5:7).

Why not try replacing worry and anxiety with prayer? If you do, you will see that it is a much better choice. When we worry, we don’t help anything or anyone, but when we pray, God can help everyone and do anything. What is impossible with human beings is possible with God (Luke 18:27). I urge you to give God an opportunity to work in your life and in the lives of those you love through prayer. Anytime you have a problem or see a need, the first thing to do is to pray.

Prayer makes tremendous power available to us (James 5:16 AMPC) and opens the door for God to work. Pray in faith, believing and expecting to see God move and do what only He can do. When we pray, we may not see instant change, but Jesus says that when we “ask and keep on asking,” we will receive (Matthew 7:7 AMP). While you are waiting for God to work on your behalf, talk with Him about how you are feeling and remember that He always understands (Hebrews 4:15).

Prayer:

“Father, thank You for the great privilege of prayer. Being able to talk with You about anything and knowing that You care is a great blessing. I love You. In Jesus’ name. Amen.”