05Mar – PRIMERO PERDONAR, LUEGO ORAR

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

—SALMO 66:18, RVR 1960

El diablo no quiere que oremos, porque la oración es más poderosa de lo que creemos. Orar invita a Dios y su poder a las situaciones de nuestras vidas. A través de la oración, también podemos invitarlo a obrar en las vidas de otras personas. Podemos lograr más en cinco minutos de oración sincera, que en cinco años de esfuerzo intentando hacer las cosas ocurrir por nuestra cuenta.

Dios responde a nuestras oraciones, pero hay obstáculos para que sean respondidas. El versículo de hoy menciona uno de ellos. No podemos tener pecados escondidos o sin confesar en nuestros corazones y esperar que Dios responda a nuestras oraciones al mismo tiempo. Preguntémonos: ¿Estamos albergando algún enemigo de Dios en nuestros corazones? ¿Quizá pecado, duda, enojo hacia otra persona, falta de deseo de perdonar, celos o envidia?

Mientras nos acercamos a Dios en oración, creo que primero debemos arrepentirnos de nuestros pecados, conocidos e incluso desconocidos. El rey David le oró a Dios para que lo perdonara por sus pecados inconscientes (Salmos 19:12). Cuando oramos, debemos estar seguros de que no hay rencor en nuestro corazón hacia alguien. Seamos honestos con nosotros mismos en la presencia de Dios, y acerquémonos a él con nuestras peticiones solo después de un examen de conciencia, arrancando de raíz todo lo que pueda obstaculizar nuestras oraciones.

Oración:

“Padre, ayúdame a comenzar cada día examinando mi espíritu y abriéndote mi corazón, dándote la oportunidad de hablarme de lo que desees. Gracias por el privilegio de la oración. En el nombre de Jesús. Amén”.


FIRST FORGIVE, THEN PRAY

If I had cherished sin in my heart, the Lord would not have listened.

—PSALM 66:18

The devil does not want us to pray, because prayer is more powerful than we know. It invites God and His power into the situations in our lives. Through prayer, we can also invite Him to work in other people’s lives. We can accomplish more in five minutes of sincere prayer than we can in five years of effort spent trying to make things happen in our own strength.

God answers prayer, but there are hindrances to having our prayers answered. Today’s scripture mentions one of them. We cannot have hidden or unconfessed sin in our heart and expect God to answer our prayers at the same time. Let’s ask ourselves: Are we harboring any of God’s enemies in our hearts—perhaps sin, unbelief, anger toward another person, an unwillingness to forgive, jealousy, or envy?

As we approach God in prayer, I believe we should first repent of any known, and even unknown, sin. King David prayed that God would forgive him for unconscious sins (Psalm 19:12). When we pray, we should be sure that we have no unforgiveness in our heart toward anyone. Let us be honest with ourselves in the presence of God and approach Him with our requests only after a time of soul-searching to root out anything that may hinder our prayer.

Prayer:

“Father, help me begin each day with a time of soul-searching, laying my heart open before You and giving You the opportunity to speak to me about anything You want to. Thank You for the privilege of prayer. In Jesus’ name. Amen.”.