DÍA 302 – Mirarse demasiado al espejo

Cuando entró Amán, el rey le preguntó: ¿Cómo se debe tratar al hombre a quien el rey desea honrar? Entonces Amán dijo para sí: «¿A quién va a querer honrar el rey sino a mí?». 
(ESTER 6.6)

«Espejito, espejito que me ves, la más hermosa de todo el reino, dime, ¿quién es?». Los niños de hoy saben que estas palabras pertenecen al cuento de «Blancanieves». Sin embargo, retrocedamos varios miles de años y Amán, el arrogante individuo malvado del libro de Ester podría haber pronunciado la misma frase.
 
La Biblia no menciona espejos mágicos, pero es indudable que Amán tenía poder y prestigio. Pero también tenía orgullo. ¡Y su engreimiento le jugó una mala pasada!
 
La cosa fue así: Mardoqueo, el tío secreto de la reina Ester, descubrió en una ocasión un complot para asesinar al rey. Cuando Asuero (Jerjes) descubrió que nunca se le había agradecido este favor, le pidió a Amán sugerencias para recompensarlo. Y este pensó que la gratificación iba a ser para él. Sin embargo, ¡nosotros sabemos que el rey estaba hablando del archienemigo de Amán, Mardoqueo! El secuaz del monarca estaba tan cegado por el amor que sentía por sí mismo que no podía ver los logros de los demás.
 
Lo mismo nos puede ocurrir a nosotros. Es bueno tener confianza en uno mismo y sentirse orgulloso de uno, pero la vanagloria va más allá que esto. Te dice: «Tú eres mejor que los demás».
 
A pesar de ello, esto no es lo que Dios nos enseña. Sé más bien como Jesús y celebra la obra de tus amigos, familia y compañeros de clase. ¡Y mantente alejado de los espejos que hablan!
 
Oración
Señor, ¿he pensado alguna vez que yo era la persona más importante? Lamento esa actitud orgullosa. Enséñame a verme a mí y a los demás como iguales, todos amados por ti y necesitados de misericordia.


Day 302 – Looking in the Mirror Too Much

When Haman entered, the king asked him, “What should be done for the man the king delights to honor?” Now Haman thought to himself, “Who is there that the king would rather honor than me?” 
(ESTHER 6:6)

 “Mirror, mirror, on the wall, who’s the fairest of them all?” Modern kids know these words come from the fairy tale “Snow White.” But rewind several thousand years, and Haman, the arrogant bad guy from the book of Esther, might have said the same thing.
 
The Bible doesn’t mention any magic mirrors, but Haman definitely had power and prestige. He also had another “p” on his list: pride. And it landed him in the hot seat!
 
Here’s the deal: Mordecai, the secret uncle of Queen Esther, once uncovered a royal murder plot. When Xerxes found out Mordecai had never been thanked, the king asked Haman for reward suggestions. Haman thought the reward was for him. But of course we know Xerxes was talking about Haman’s archenemy Mordecai! The king’s sidekick was so blinded by his love for himself that he couldn’t see the accomplishments of others.
 
The same thing can happen to us. It’s good to be confident and proud of yourself, but pride goes beyond that. Pride says, “You are better than everyone.”
 
Yet that’s not what God teaches us. Instead, be like Jesus and celebrate the work of your friends, family, and classmates. And stay away from talking mirrors!
 
Prayer
Lord, have I ever thought I was the most important? I’m sorry for that prideful attitude. Teach me to see myself and others as equals, all loved by you and in need of mercy.